cómo detectarlo y qué hacer


Un niño, afectado por la varicela.
Camiloaranzales / WIKIMEDIA COMMONS

La varicela es una enfermedad vírica muy contagiosa producida por el virus de la varicela zoster. Tiene una gran incidencia, especialmente en países de clima templado y durante la infancia, donde se presentan hasta el 90% de los casos.

Afortunadamente, suele ser una enfermedad leve que, a pesar de las grandes molestias que suele ocasionar a quienes la padecen, no suele complicarse.

Aun así, se recomienda vacunar a los niños para evitar algunas de sus posibles complicaciones, entre ellas, la muerte en dos de cada 100 mil casos en niños, 6 de cada 100 mil en niños menores de un año y 25 de cada 100 mil en caso de los adultos.

¿Cómo se contagia?

La varicela es muy contagiosa y se trasmite con facilidad por vía aérea (al toser, hablar, etc.) o por contacto con el sarpullido. Se contagia entre uno o dos días antes de que se manifiesten los síntomas y cinco después, por lo que evitar el contagio es muy difícil. Según datos de la Asociación Española de Pediatría, tras estar en contacto con una persona infectada, el 96% de las personas susceptibles de desarrollar el virus, es decir, que no estén inmunizados, desarrollarán la enfermedad en un mes.

Por tanto, la mejor -y casi única- solución para no contraer la enfermedad es la vacunación. En un pequeño porcentaje de los casos no evitará la enfermedad, pero de contraerla, los síntomas serán mucho más leves. En España, tras retirarla en 2013, la vacuna está dentro del calendario de oficial desde 2015 y se recomienda a partir de los 15 meses de edad en dos dosis.

¿Qué síntomas produce?

El principal síntoma de la varicela son sus características ampollas rojas, llenas de líquido, que suelen aparecer entre 10 y 21 días después de la exposición al virus y que causan un gran picor. Las lesiones cutáneas pueden ser leves (entre 250 y 500) y otras veces pueden presentarse por miles y cubrir el cuerpo entero, incluidas las zonas de mucosas, como la vagina, la boca o los ojos. La cara suele ser el primer sitio en el que se manifiestan. Estas ampollas pasan por tres fases:

  • Pápulas: bultos rojos o rosados elevados, que brotan durante varios días.
  • Vesículas: ampollas llenas de líquido que se forman en menos un día, se rompen y drenan.
  • Costras: Cubren las ampollas y tardan varios días para curarse.

Otros síntomas son:

  • Fiebre, que suele ser muy alta
  • Pérdida de apetito y dolor de estómago
  • Dolor de cabeza
  • Cansancio y sensación de malestar general
  • Cómo actuar

Ante la mínima sospecha -aparición de una erupción cutánea y fiebre- de que un niño o un adulto puede estar padeciendo varicela, hay que acudir al médico. Ya no sólo para evitar las posibles complicaciones y le dé indicaciones para tratar los síntomas, sino también porque es una enfermedad de las incluidas en el sistema EDO (Enfermedades de Declaración Obligatoria), un conjunto de enfermedades infecciosas y/o transmisibles de especial importancia para la salud pública.

Una vez diagnosticada la enfermedad, no se debe llevar al niño al colegio -o no acudir al trabajo- hasta que finalice la infección para minimizar el contagio, sobre todo entre los grupos de riesgo, como personas inmunodeprimidas, los recién nacidos y las embarazadas.

Para aliviar los síntomas se puede:

  • Dar antipiréticos y analgésicos, como paracetamol. Nunca ácido acetilsalicílico, pues puede su empleo en estos casos aumenta el riesgo de padecer complicaciones.
  • Para reducir el picor y la comezón se puede usar compresas húmedas frías o baños de agua tibia o avena cada tres o cuatro horas. También se pueden aplicar cremas y lociones específicas.
  • Para la erupción en las zonas con mucosas, como la vagina, los ojos, la boca, etc., también lociones específicas.
  • No rascarse para evitar complicaciones, como infecciones bacterianas en la piel. En caso de los niños, esto puede ser difícil, por eso se pueden utilizar guantes y cortar y lavar bien las uñas.
  • Después de la infección es probable que queden marcas durante un tiempo, y que queden marcas. Además de evitar la infección no rascándose, es recomendable no tomar el sol hasta que las marcas desaparezcan por completo.
  • Además, hay que ir al médico de inmediato si el enfermo tiene: fiebre más de cuatro días, dificultades para respirar, problemas para caminar, vomita, parece confundido, un fuerte dolor de cabeza o rigidez de cuello.

Posibles complicaciones

Aunque la varicela no suele complicarse, en algunos casos, unos 1.500 al año en España, puede requerir de hospitalización por las siguientes complicaciones:

Infecciones bacterianas de la piel, tejidos blandos, huesos, articulaciones o el torrente sanguíneo (septicemia)

  • Deshidratación
  • Neumonía
  • Inflamación del cerebro (encefalitis)
  • Síndrome de choque tóxico
  • Síndrome de Reye si se toma aspirina

¿Qué es el herpes zoster?

Tras contraer la varicela, la persona ya es inmune y no suele volver a contraer la enfermedad, pero sí herpes zoster. El virus de la varicela permanece latente en las células de los nervios una vez curada la enfermedad. Muchos años después -sobre todo en adultos mayores o personas inmunodeprimidas-, este puede reactivarse y resurgir como herpes zoster.

También conocido como culebrilla, se trata un sarpullido de dolorosas ampollas que se origina en un lado del cuerpo y que suele durar una semana y cursar sin complicaciones, pero es muy molesto. Aunque no es contagioso, las personas que lo padecen sí pueden contagiar la varicela.



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