Chilena Codelco inaugura operación subterránea de su gigantesca mina Chuquicamata


La estatal chilena Codelco, la mayor productora de cobre del mundo, inauguró este miércoles las operaciones subterráneas de su gigantesca mina Chuquicamata, en un esfuerzo de ingeniería que le permitirá alargar su vida útil otras cuatro décadas.

Ubicada en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, el proyecto implicó más de una década de trabajo y una inversión de 5.000 millones de dólares -la más grande realizada por la cuprífera estatal responsable de casi el 11% del cobre mundial-, para extender la vida de este yacimiento explotado desde hace más de 100 años a cielo abierto.

Después de todo ese tiempo, el rajo se extendía ya por 950 hectáreas y su crecimiento se hacía económicamente inviable.

Como una especie de espiral gigante cincelada en la montaña, cada vez debía excavarse más profundo para alcanzar el mineral, haciendo necesario seguir extendiendo los sinuosos caminos de entrada y salida del material.

“Pocas empresas han tenido que reinventarse como lo ha hecho Codelco. Este proyecto permitirá alargar en 40 años la vida útil de esta mina y requirió un esfuerzo gigantesco en diseño, creatividad, y en adaptarse con los nuevos tiempos”, aseguró el presidente Sebastián Piñera, en la ceremonia de inauguración.

A unos 1.600 km al norte de Santiago, Chuquicamata inició hoy “una transformación que maximizará el valor económico de la empresa y su aporte al Estado en el largo plazo”, afirmó por su parte el presidente del directorio de Codelco, Juan Benavides.

Con su puesta en marcha, se incrementará en casi 40% la producción minera del yacimiento, la que llegará a 61 toneladas métricas finas (tmf) por persona en 2025, comparada con las 44 actuales.

La empresa extraerá de la mina, que cuenta con reservas de 1.028 millones de toneladas de mineral de cobre, 320.000 toneladas de cobre fino anuales en 2026, con lo que se mantendrá como una de las que se saca más cobre de Codelco, que hoy produce unas 1,7 millones de tmf anual.

El comienzo de las operaciones de la mina subterránea se produce en medio de un complicado escenario para el cobre, cuyo precio se ha visto golpeado por la guerra comercial entre Estados Unidos y China, y la incertidumbre sobre el consumo de materia prima del gigante asiático, el principal comprador del metal rojo.

El proyecto de convertirla en una mina subterránea representó todo un reto para la industria minera de Chile, con casi un tercio de la oferta mundial de cobre.

La obra subterránea tiene tres niveles de profundidad, con un total de más de 898 metros desde el fondo del rajo actual y tendrá más de dos kilómetros desde la superficie cuando alcance su tercer nivel.

La maquinaria de la mina se gestiona remotamente desde un centro de mando ubicado a unos 5 km de Chuquicamata. En un enorme cuarto con pantallas gigantes y decenas de monitores controlan las operaciones mediante fibra óptica.

En la mina a cielo abierto “tienes que abrir una pared y se utilizan camiones para trasladar el mineral, lo que es ineficiente. En la mina subterránea, vas directo a la veta y se usarán otras maquinarias más modernas y eficientes como una correa de 14 km de largo que transportará el mineral”, explica a la prensa Mario Berna, ingeniero senior de la sala de control de Chuquicamata.

Las obras de transformación implicaron el trabajo de unas 16.000 personas. Hacia 2020 se proyecta la construcción de 148 km de túneles y galerías, que se ampliarán a 750 km durante la vida útil del nuevo proyecto.

Sin la ejecución de las obras, el yacimiento dejaría de ser económicamente rentable en la próxima década.

La antigua mina, en tanto, quedará paulatinamente deshabilitada, aunque se mantendrá una pequeña porción como testimonio histórico de lo que fue su aporte económico a Chile por más de un siglo.

Ya en 2007 se cerró definitivamente el campamento aledaño a la mina donde vivían miles de empleados y sus familias, que fueron trasladados a la vecina cuidad de Calama.

La mina subterránea también será más amigable con el medioambiente y reducirá “la alta contaminación que los yacimientos a rajo abierto emanan”, afirmó Berna.

 



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