Carlos Moro, que con Matarromera logró el mejor vino del mundo, plasma en un libro su trayectoria empresarial


Caros Moro
Colegio de Ingenieros de Valladolid

Carlos Moro (Valladolid, 1953) recalca con orgullo que él es “ingeniero agrónomo, viticultor, enólogo y bodeguero”, además de sentirse “un enamorado del vino, de la tierra y de la viña”.

Seguramente, por todo eso, ha logrado situar a la Bodega Carlos Moro entre una de las más reconocidas no sólo de España sino a nivel internacional, con presencia en seis denominaciones de origen y multitud de reconocimientos nacionales e internacionales.

Como explica Carlos Moro a 20minutos.es, su infancia fue “determinante” para llegar a conseguir, por ejemplo, que su vino fuera reconocido como el mejor del mundo. No en vano, el viticultor creció en plena Milla de Oro de la Ribera del Duero, en las plantaciones de viñedo de su familia en Olivares y Valbuena de Duero.

Gracias a esa infancia, ligada a la tierra y el vino, fue adquiriendo la sabiduría necesaria para conformar la actual Bodegas Familiares Matarromera. Y gracias a ello, también, logró que el primer Matarromera que salió de sus barricas lograra el Premio al Mejor Vino del Mundo. Fue en 1995, con un vino cosecha de 1994, que ganó la Gran Medalla de Oro en la Internacional Wine Competition.

“Lo cierto es que fue una alegría inmensa, igual que fue una gran satisfacción comprobar que era un vino que gustó mucho, muchísimo, a la gente”. “Vendimos mucho”, recuerda con alegría y orgullo.

Desde entonces Bodegas Familiares Matarromera elabora diferentes vinos y otros productos de calidad. Por ejemplo, los vinos sin alcohol en la planta de deconstrucción molecular más moderna de Europa, que fue construida en Valbuena de Duero. También destilados y aguardientes (Heredad de Aldor), aceites de oliva virgen extra en su almazara Oliduero , extractos polifenólicos para su uso en cocina (Vinesenti) o cosméticos de alta gama (Esdor).

Toda esta trayectoria, desde su infancia hasta la actualidad, ha sido recopilada y plasmada en el libro “Pasión por la tierra, pasión por la empresa”, de la Editorial Deusto. Carlos Moro explica cómo se lanzó hace 30 años, en 1988, a “una aventura incierta”, que consistía en recuperar la tradición familiar de cultivar viñedos y elaborar vino de calidad.

En el libro expone cuáles han sido las claves y los secretos del éxito de una empresa que, bajo su liderazgo, ha conjugado el respeto y el amor a la tierra con una vertiente fuertemente innovadora. En cierta manera, dicho éxito fue un maridaje entre el respeto al pasado y la decidida apuesta por el presente y el futuro.

Premio Nacional de Investigación

No en vano, su apuesta por la investigación y el desarrollo le ha permitido, por ejemplo, ser distinguido con el Premio Nacional de Investigación otorgado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España de manos del Rey Felipe VI. Toda esta trayectoria personal y familiar está relatada en el libro.

Según explica Carlos Moro, “cuento esa historia personal y empresarial de la bodega familiar durante tres décadas, desde el año 1998. Se podría decir que es un relato sobre mi experiencia con el mundo del vino. En una parte del libro doy las claves para el emprendimiento. En ese sentido, creo que puede servir de ayuda a muchos jóvenes empresarios que quieren emprender. Obviamente, hablo sobre cómo se aplicaron esas claves en mi empresa”.

El empresario del vino se siente “especialmente orgulloso” de que su obra escrita pueda servir de “ayuda” a “muchos jóvenes que quieren emprender, que tienen dudas pero también la convicción y la valentía de sacar un proyecto empresarial adelante”.

Los españoles, exigentes con el vino

Preguntado por el conocimiento del vino de los españoles, Carlos Moro asegura que “el cliente cada vez entiende más, hay mucha gente que sabe valorarlo, pero al mismo tiempo es más exigente con la calidad”. “Todo eso es muy bueno”, subraya.

No obstante, también alerta de que “en España se está perdiendo la tradición de comer y cenar con vino, con moderación, en muchas familias”. “Antes era algo corriente y positivo y permitía que desde la juventud valoráramos el vino”, afirma. Además, según indica Carlos Moro, “hoy existe una gama enorme de vinos lo que permite abarcar y dar satisfacción a la práctica totalidad de personas”.



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