Camilo: “Respeto tanto el reguetón que no me llamaría a mí mismo reguetonero”


Camilo, 16 de marzo de 1994, Medellín (Colombia).

Sacar fuera de contexto a Camilo es complicado, y de una habitación con focos también. En muy poco tiempo este joven de solo 28 años se ha convertido en todo un ídolo musical, le acompañan decenas de personas, cámaras y siempre una sonrisa.

Para él todo ha ido muy rápido, un éxito meteórico, pero asegura que ha sido en el momento justo, antes no hubiese estado preparado. “Todo esto lo miro con fascinación, de lo frágil que es lo que estamos haciendo, y que sea frágil y no esté asegurado es lo que hace que sea sagrado y sea interesante, como las relaciones, uno el amor no lo da por sentado, lo das por sentado y se te va”, me dice.

Por eso no deja de anunciarlo en las redes sociales, un escenario en el que se ha forjado y se siente especialmente cómodo, ahí los vídeos con elogios hacia su mujer, Eva Luna, la actriz, cantante e hija del artista Ricardo Montaner, son continuos. “Sí, nos queremos mucho y me siento muy afortunado de ser yo quien pueda estar al lado de ella acompañándola a ser feliz”, asegura.

Y es que, por encima de todas las cosas, es feliz, así, sin pudores ni vergüenzas, pero no es para menos: de familia adinerada, recién casado, estrenando paternidad, éxitos y gira. Acaba de salir del COVID, lo que provocó un pequeño parón en su periplo, pero a él no le ha parado ni la pandemia, más bien lo contrario: “Para mí fue una temporada de poder agarrar el lápiz y estar en casa encerrado escribiendo y compartiendo con lo que tuviéramos, el teléfono o el micrófono en casa”.

Y es que precisamente en pandemia se ha casado, ha sido padre y ha lanzado alguno de sus mayores éxitos, como Pegao, el último dedicado a su hija Índigo. Un vídeo grabado en su propia casa donde aparece cocinando y haciendo biberones, y por lo me que dice no es postureo: “No, no es postureo… ayudo todo lo que puedo a Eva Luna, que es una madre lactante y está más limitada, así que yo cambio los pañales, bañándola, cambiándole la ropita, si hay que cocinar, si hay que lavar, trato de estar a la orden de todo para poder servirle a Eva Luna”.

Quizá por todo esto le llaman “el niño bueno del reguetón”, porque él canta a lo que le rodea, y mientras otros retratan una realidad más cruda o recitan letras controvertidas, él habla de su hija, del amor y de ser rico, aunque asegura: “No me gustan las etiquetas, en vez de etiquetarme yo tiendo a no definirme”.

A mi pregunta sobre el machismo en determinadas canciones reguetoneras no se moja: “Yo hablo de lo mío, el reguetón es algo que respeto tanto que no sé si yo me diría a mí mismo reguetonero”. 

Reanuda su gira De adentro pa fuera tour por toda España hasta el próximo 8 de agosto, y siempre con el bigote hacia arriba, como su sonrisa, porque no podría ser de otra manera.



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