Basura: otra gestión ineficiente


Una vez más nos ha tocado ahogarnos en basura por la gestión ineficiente de desechos. Lo más triste es que las tecnologías, procesos y know how para dicha gestión existen desde hace mucho tiempo y han sido implementadas en otras ciudades con características similares a la ciudad de Panamá, con resultados positivos. El problema no es técnico, el problema es económico.

La mayor producción de desechos obviamente se concentra en los centros urbanos. El Estado controla la gestión de desechos, que a todas luces es ineficiente. Aunque la tasa de aseo se incluye en la factura de agua, el pago termina siendo opcional cuando los contribuyentes deciden no pagar porque no le recogen su basura. La recolección no tiene frecuencias establecidas, a veces hay camiones y otras veces no, las condiciones de trabajo de los recolectores son inseguras y, finalmente, el relleno sanitario es un desastre ambiental esperando a ocurrir. Se han contratado muchas consultorías, se han hecho muchos estudios y en el país hay profesionales idóneos para llevar adelante una buena gestión, pero no se logra implementar ningún plan de gestión, por muy bueno que sea.

Se puede romantizar el problema y argüir que la solución es educar a la población sobre su rol en la producción de desechos, pero eso es solo una pequeña parte. Más que un pago impositivo, es necesario ofrecer incentivos económicos. Se requiere que, tanto la empresa privada como la población en general, gestionen sus desechos convencidos que pueden sacar un beneficio de ello y no solo porque es ambientalmente correcto.

Asimismo, es necesario facilitar dicha gestión. Escuchamos una y otra vez a las personas diciendo que el centro de reciclaje le queda muy lejos, que no tienen tiempo para llevarlo, que no tienen dónde colocar toda esa basura y, ¿para qué segregar la basura si al final hay “pataconcitos” por todos lados? Si hubiese incentivos más que un pago fijo por un servicio ineficiente, las personas encontrarían el tiempo y las ganas de hacer lo que corresponda, sabiendo que podrían tener una reducción en el cobro si generan menos desechos o un ahorro en algún servicio. En algunos países en Europa y Asia se dan créditos para usar en el transporte público a cambio de botellas plásticas o incluso, pagar el pasaje directamente en las paradas de buses con botellas plásticas. También se ha puesto en práctica usar desechos plásticos para el pago de estacionamientos y de la matrícula escolar. Algunos supermercados tienen máquinas que reciben las botellas y generan tiquetes con crédito para redimir directamente en la caja.

En la basura hay dinero y oportunidades. El manejo eficiente de los desechos no solo reduce el gasto, sino que puede convertir este desecho en un producto y generar ganancias. Este concepto básico de la economía circular propone que, una vez termine el ciclo de vida un producto, éste se pueda mantener en la cadena productiva y pueda reintroducirse sin necesidad de volver a acceder a recursos que son finitos. No solo se reduce el consumo, sino que se reducen los desechos.

Por otro lado, la preocupación por los efectos de una reducción en el consumo es infundada, puesto que, aunque se consuma menos de algunos productos, se estarían demandando otros servicios relacionados a la gestión de desechos, como también, habría menos costes asociados a los problemas de salud pública generados por la basura, al igual que costes de mitigación y remediación ambiental.

En conclusión, las 3R’s, Reduce, Reutiliza y Recicla, aunque es un concepto en teoría sencillo, sin incentivos para su ejecución, se queda corto. De igual manera, el Estado no puede continuar la gestión de desechos solo, debe apalancarse en la empresa privada y la descentralización de los servicios.

La autora es amiga de la Fundación Libertad



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