Azara García regresa al trail ganando en Desafío Somiedo


A 100 metros de la meta de Desafío Somiedo, ya en sus piernas los 50 kilómetros de esta carrera inigualable, Azara se repetía una y otra vez: “No llores Azara, no llores Azara”. Y al final, esta cántabra cercana a los cuarenta, dicharachera e indomable se deshizo al cruzar la meta y aquello fue un río de lágrimas, una tras otra bien justificada.

Habían pasado unos 8 meses, más o menos, cuando Azara García de los Salmones, la mejor atleta de ultras de España, cruzaba también en primera posición la meta de Ultra Pirineu, 100 kilómetros de tortura para su rodilla izquierda. Tanto dolía que no pudo detenerse en ningún avituallamiento so pena de tener que retirarse, un verbo que ella no conjuga. Nada más terminar, solo le dio tiempo a levantar la voz en busca de una mayor atención mediática para el trail femenino -los titulares se centraron en Kilian Jornet, ganador masculino-, porque después tocó pasar por el taller. Y llegó el drama.

“El médico me dijo que la rodilla estaba mucho peor de lo que parecía, con mucha parte dañada y tuve que pasar por quirófano. Llegué a pensar que no volvería a correr“. Y no correr, para Azara, es morirse. “Es que es mi vida”. No hay más que verla en cada vídeo matutino por sus redes sociales, en el gimnasio o brincando por las cumbres, siempre con la sonrisa y ese grito inspirador que no la abandona: ‘¡¡Ya estamos al lío!!’

Muy poco a poco, después de varias infiltraciones y sesiones interminables en el gimnasio, se hizo la luz. Paradójicamente, cuando supo que volvería a correr, peor lo pasó Azara, comida por la impaciencia, y Álvaro, su paciente marido: “Él se ha comido muchos días malos míos y siempre ha estado ahí, pero creo que lo he gestionado bien, no dejándome desgastar con pensamientos negativos. Creo que no he sido tan inaguantable”.

La recuperación casi -solo casi- total llegó cuando empezó a poder hacer rodajes hace dos meses. Primeros unos minutillos y al final una tirada máxima de 30 kilómetros. Y así fue a Somiedo, poco volumen y una maleta desbordada de ilusión y con un objetivo único: terminar sin dolor, el resto era secundario. “Empecé despacio, probándome y poco a poco me iba sintiendo mejor, así que tras el primer avituallamiento aceleré un poco y me puse primera, y así acabé”. Así terminó, primera por delante de otra primera clase, Cristina Santurino, llorando y sin acordarse de su rodilla: “¿No es fantástico? No me dolió nada, acabó perfecta. Me lo he tenido que currar mucho pero ha merecido la pena”.

Esta Azara desencadenada ya tiene el calendario marcado de cruces rojas: la maratón de la Lozere Trail, la Mozart ultramaratón y a finales de agosto, UTMB, 170 kilómetros en los que partirá como una de las grandes favoritas, por muy novata que sea en la distancia. “Es una carrera que me apetece mucho para vivir todo ese ambiente, va a ser increíble”, cuenta Azara, que termina la conversación para subirse a la bici. Y al lío.



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