Así puede afectar a la salud mental y las emociones la propagación de información falsa en redes sociales


A pesar de estar en boca de todos hoy en día el término fake news no es reciente ya que se empezó a utilizar en 1891. Sin embargo su auge imparable se ha producido en el siglo XXI gracias a la difusión que estas noticias falsas han encontrado en las redes sociales. Algunos datos que hablan de su poder: el 52% de los adultos en Estados Unidos compartieron información en redes sociales que luego supieron que era falsa, el 56% de los usuarios de redes sociales en España dicen encontrar noticias falsas con frecuencia y existe un 70% de mayor probabilidad de que se ‘retuitee’ información falsa que noticias fidedignas.

Además, contribuyen a modificar tendencias de opinión en elecciones, campañas de salud, temas de interés colectivo e, incluso, en conflictos armados, como ha podido comprobarse con asuntos como las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la pandemia o la más reciente guerra de Ucrania.

¿Es posible que la educación emocional ayude a mejorar el uso de las redes sociales y a prevenir la propagación de bulos o noticias falsas? Para Trinela Fernández, pedagoga especialista en educación emocional, experta en intervención psicológica del contexto educativo y en el tema de las fake news, esta es una de las claves para aprender a manejarnos entre esta sobredosis informativa porque “todo el mundo usa las redes sociales pero no todo el mundo sabe cómo gestionarlas a nivel emocional”.


Para la experta, que recientemente participó en el webinar Educación emocional para prevenir la propagación de la información falsa organizado por la Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar (RIEEB): “La pandemia ha hecho que nos demos cuenta que somos víctimas de informaciones falsas y que participamos de alguna manera a propagar esta información. Sin embargo, la educación emocional puede ayudar a mejorar el uso de las redes sociales y a lograr tener interacciones sanas que nos den bienestar para contribuir al bienestar común”.

Según Trinela Fernández podemos educar a los usuarios de cualquier edad para que gestionen sus emociones apropiadamente y eviten propagar innecesariamente información falsa: “es cuestión, como siempre ocurre en educación emocional, de aprender y entrenar”. ¿Cómo? Pues aprendiendo cómo funciona el fenómeno fake news, conociendo además la forma en la que nos activamos emocionalmente con estas noticias falsas y dotando a las personas de herramientas emocionales para controlar su propagación.

“¿Por qué funcionan tan bien las fake news? Porque por lo general buscan que la emoción prime sobre la razón, con lo que disminuye el discernimiento de la verdad y ocasiona conductas impulsivas vinculadas con la propagación, Las principales emociones que buscan evocar las fake news son ira, miedo y sorpresa”, señala la especialista quien afirma, además, que son numerosos los estudios que concluyen que los usuarios que reportan vinculación emocional con las noticias son más propensos a creer en noticias falsas.

¿Por qué, según la especialista, la educación emocional puede resultarnos útil frente a las fake news? “Porque es un super recurso, medianamente accesible y porque hay toda una ola de alfabetización mediática, hemos entendido que es necesaria”. ¿Y cómo se consigue esta alfabetización? “Tienes que tener una formación cognitiva para mejorar el pensamiento crítico y la reflexividad, una formación técnica -con el conocimiento de los medios, plataformas y redes así como la forma en la que se crean, funcionan y difunden las fake news- y un aprendizaje en competencias emocionales para contrarrestar la activación emocional que afecta el discernimiento. Deberíamos contar con conocimientos similares en estas tres áreas para reducir la propagación de las fake news”.


La psicóloga y experta en relaciones de pareja María Esclapez

Según la pedagoga son cuatro los motivos fundamentales que justifican aplicar la educación emocional para la prevención de la de la propagación de fake news:

1. Nos concientiza sobre nuestras respuestas somáticas iniciales (cambios corporales). Y una persona que tiene conciencia emocional es, según la experta, una persona que conoce constantemente qué le dice su cuerpo. “En la medida en que yo tenga conciencia emocional puedo ir trabajando en hacer prevención antes que explote de alguna manera y cometa algún error.”

2. Ayuda a reconocer y dimensionar el compromiso emocional que nos generan la información. “Si yo me conozco ya sé que tipo de noticias me van a poner de determinada manera. Si no me conozco y no reconozco ese compromiso emocional probablemente lea algo y en tres minutos compartiré algo que no debía en dos minutos”.

3. Sirve para detectar si la emoción nos inunda y cómo gestionarla. “Si estás educado emocionalmente vas a ser capaz de dar marcha atrás y saber si tu ‘semáforo’ ha llegado a rojo o estás sobrepasado y cómo vas a gestionarlo”.

4. Mitiga la dependencia emocional al circuito cerebral vinculado a las fake news. “Ya no dependemos tanto de lo que dice la noticia para yo reconocer en mí cómo actuar, puedo tener una independencia sana de todo esto y puedo actuar con coherencia y objetividad”. 

La pedagoga aporta su propuesta para trabajar y desarrollar tres competencias: la consciencia emocional, la regulación emocional y la autonomía emocional.

¿La conciencia emocional por qué?

– Por la capacidad para tomar consciencia de las propias emociones y las de los demás. “En la medida en que tomo consciencia de lo que siento puedo ser capaz de regular, si no soy consciente de cómo me siento básicamente no puedo pretender regularme”.

– Por la capacidad de percibir el clima emocional de un contexto.

¿La regulación emocional por qué?

– Por la capacidad para manejar las emociones de forma apropiada.

– Por tomar consciencia de la relación existente entre cognición, emoción y comportamiento: lo que pienso, lo que siento y cómo me comporto.

– Para contar con buenas estrategias para el afrontamiento y capacidad para autogenerarse emociones positivas.

¿La autonomía emocional para qué?

– Por la capacidad de tomar decisiones emocionales por sí mismo y generar las emociones que uno necesita en el momento adecuado.

– Implica hacernos responsables por lo que hacemos con nuestras emociones. “No vale que porque yo sea hipersensible con un tema específico me valga para reenviarle a todos mis amigos una cosa que es falsa. Es mi responsabilidad como gestionar esa emoción”.

– Interdependencia sana entre autonomía y dependencia emocional.

La experta recomienda, entre otros, dos ejercicios básicos para enfrentarse a las fake news.

Desde la parte más técnica:

– Verificar la información en un buscador.

– Ingresar el titular en un buscador entre comillas para que busque el titular de manera idéntica.

– Verificar otros portales de noticias, determinar si es contenido patrocinado.

– Buscar imágenes en buscadores inversos.

– Buscar fuentes, nombres de los autores…

– Verificar si es una web seria o satírica, si es un perfil auténtico…

Por su parte, desde la parte más emocional, daríamos estos cinco pasos:

– Ver qué cuenta la noticia.

– Identificar qué se siente ante esa noticia: miedo, rabia… Calificar la intensidad de la emoción de 0 a 10.

– Pensar qué dice la noticia.

– Preguntarse: ¿Qué tan cierta es esta información? ¿Merece la pena molestarme por un hecho no comprobado?

– Actuar: investigar, no compartir sin confirmar…



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