así es la vida íntima del chef José Andrés


Exceptuando quizá a Donald Trump, con el cual ha tenido sus más y sus menos a lo largo de su presidencia, lo cierto es que el chef José Andrés es motivo de consenso entre la opinión pública: es un buen tipo. O tiene que serlo, porque no por nada eres nominado dos veces al Premio Nobel de la Paz. 

La muestra más certera de esa humildad y saber estar que le caracteriza es fácilmente comprobable en el mensaje que escribió en su cuenta de Twitter, donde tiene algo más de 900.000 seguidores, después de que la revista Time le eligiese como portada de su número del pasado abril para ponerle su eslogan (“Sin empatía nada sirve”) y su rostro y fisionomía al compromiso contra el coronavirus de unos pocos por el bien de todos.

“Como inmigrante y como cocinero, me siento honrado de que Time haya compartido la historia de una única persona intentando ayudar… pero también comparto este honor con los millones de personas alrededor del mundo que están alimentando a la humanidad, especialmente en estos tiempos tan inciertos. No es un yo individual, sino un nosotros común”, sentenció.

El hispano-estadounidense (se nacionalizó en el año 2013) se encuentra ahora mismo centrado en su ONG, World Central Kitchen, fundada en 2010 tras el terrible terremoto de Haití y que desde entonces ha realizado misiones de ayuda humanitaria en 13 países, repartido 15 millones de comidas y reunido a unos 45.000 voluntarios. Amén de ser de los primeros en arrimar el hombro en catástrofes como el huracán María de 2017 que asoló Puerto Rico, Dominica y las Islas Vírgenes de Estados Unidos.

Hace relativamente poco, a mediados de abril, el cocinero de Mieres, en Asturias, pero criado en la capital catalana, que ha triunfado en Instagram con sus migas, desembarcaba en España con su fundación con el objetivo de repartir 40.000 comidas diarias entre Cádiz, Barcelona, Madrid, Sevilla, Huelva y Valencia.“No hay muro que detenga el virus, ni muro que detenga el hambre”, aseguraba entonces.

Patricia, su amor

Es por esta razón que indagamos un poco en su vida para conocer mejor quién es José Andrés, cuyo nombre completo es José Ramón Andrés Puerta. Desde 1995 lleva casado con su esposa, Patricia Fernández de la Cruz, gaditana conocida por sus allegados como Tichi y que todos estos años ha sido su gran apoyo y con quien coincide en casi el 100% de sus decisiones.

Eso al menos se deduce de sus palabras hablando de su marido en una entrevista que concedió antes del coronavirus para la publicación Bethesda Magazine. “[José Andrés] nunca presta atención a lo que hay que hacer en el día a día. Siempre está centrado en cosas más grandes, pero ahora incluso más. A veces charlar con él es como: ‘¿Pero por qué te preocupas por eso? Hay cosas más importantes'”, bromeó.

“Compartimos al máximo la idea de que si puedes, debes ayudar. Al mismo tiempo, me siento que el equilibrio entre esa idea y nuestra propia vida. Trato de mantenerle en contacto con la familia”, reconoce Tichi, antes de realizar una hermosa comparación gastronómica: “Él es la sal de mi vida: la hace más sabrosa… pero también más loca”.

Se conocieron en el estado de Maryland, a 43 kilómetros de Washington D.C., y tal y como él mismo confesó fue “bailando salsa”. “Me di cuenta de que me gustaba, pero ella no me hacía mucho caso. Lo seguí intentando”, le confesó hace mucho a El Periódico de Catalunya.

Ella había llegado allí con 21 años (ahora mismo tiene 50, como su marido) proveniente de su Algeciras natal, en Cádiz, aprovechando que un tío suyo trabajaba en la capital norteamericana y para aprender inglés durante seis meses.

Él desembarcó en 1991 en Nueva York tras haber finalizado el servicio militar a bordo del buque-escuela Juan Sebastián Elcano. Tras su paso por El Dorado Petit, un restaurante del ya fallecido empresario catalán Lluís Cruañas en la isla de Manhattan, se mudó y montó con dos socios, Row Wilder y Roberto Álvarez, un local la capital norteamericana con el que se haría ultrafamoso, Jaleo.

“Había venido porque mi tío trabajaba en la embajada española. El plan era quedarme aquí durante seis meses, estudiar algo de inglés y volver, pero terminé quedándome. Tomé algunas clases, fui a Montgomery College y luego terminé mis estudios en la Universidad de Maryland. Mientras tanto, estuve trabajando para la oficina comercial de la embajada. En el proceso conocí a José”, recordó Patricia para la citada publicación.

“Estuvimos saliendo un año y medio. Mi padre había muerto en septiembre de 1994 y nos casamos en septiembre de 1995. En realidad, fue una boda civil y luego nos fuimos a España para la boda religiosa, que fue la verdadera, con nuestros amigos. Pero por la muerte de mi padre, hicimos una celebración pequeña, que fue muy agradable”, apunta.

Sus tres hijas

La gaditana ha sido crucial para el éxito de su marido y hay platos del restaurante de José Andrés (“La mitad de las recetas son de su madre”, dijo en una ocasión) que son directamente una declaración de amor a su esposa, como el Gazpacho estilo AlgecirasPuntillitas de Cádiz salteadas con pochasGarbanzos con espinacas. ¡Qué bien cocina Tichi!, un título algo irónico porque ella ya ha reconocido que no tiene “ni idea de cocinar” -y eso que él se queja con un amargo “… después de 25 años”-.

Fruto del amor nacieron sus tres hijas: Carlota, Inés y Lucía, que hoy en día tienen 21, 19 y 16 años, respectivamente. Aunque las tres estudiaron en el exclusivo (solo permite 320 alumnos de entre 3 y 14 años por curso) The Woods Academy, en Bethesda, una zona residencial a diez kilómetros de Washington, parece ser que sus caminos comienzan a separarse.

La primogénita se encuentra estudiando en la Stern School of Business, una subdivisión de la Universidad de Nueva York centrada en los negocios por la que han pasado nombres como Juan Antonio Samaranch, Salvatore Ferragamo o Alan Greenspan.

La secundaria, donde aún se encuentran sus hermanas menores, la realizó en el también exclusivo Stone Ridge School of the Sacred Heart. Todas sus hijas suelen salir con su padre en sus vídeos y comparten con él y su madre su filosofía de vida.

Su casa

Aunque mantienen un perfil bajo (una de las últimas apariciones públicas del matrimonio fue en la gala de los Oscar de 2019), lo cierto es que su traslado a Bethesda, hace 13 años, no quitó que lo hicieran a una de las casas más espectaculares que se pueden ver.

Se dijo que el precio que les había costado rondaba los 2.300.000 dólares y estaba diseñada por el prestigioso arquitecto David Jameson, pero ellos le daban otra importancia: su ubicación.

“Patricia quería asegurarse de que estuviéramos cerca del colegio. Yo crecí en un lugar donde podía ir caminando a clase todos los días. Y para mí eso era muy importante. Pienso que todos los niños deberían crecer en una comunidad pequeña. Es muy divertido”, reconoció José Andrés.

Así le definen, de hecho, como alguien divertido que hace que su casa no sea “silenciosa”. Y sin embargo, la cara que da al mundo es la de alguien comprometido.

“Nuestra única prioridad ahora mismo, como chef y como colectivo, es dar de comer a las personas que están necesitadas”, dijo recientemente en una entrvista en Cinco Días. Sea como sea, raro será que, después de la labor que está realizando hoy en día, no le nominen otra vez para el Nobel. Y quién sabe, quizá se convierta en el primer Nobel de la Paz español

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