Así es Íñigo Afán de Ribera, el nuevo amor de Susanna Griso


Tras 23 años de relación, a finales del 2020, Susanna Griso se daba un tiempo con su ahora exmarido, el también periodista Carles Torras. “Estamos en un paréntesis de pareja”, aseguraba la presentadora de Espejo Público a la revista ¡Hola! confirmando el impasse que se había tomado con el padre de sus tres hijos: Jan, de 17 años, Mireia, de 14 y Dorcette, de 6, y que adoptaron en 2018 de Costa de Marfil.

Un matrimonio que había sido muy feliz desde que se diesen el “sí, quiero” en 1997 pero que ponía así punto y final a su amor, tomando cada uno su propio camino, según había desvelado poco antes Semana. La catalana, que en una semana cumplirá 53 años, tardaba, sin embargo, apenas un año en volver a ocupar su corazón y, en este caso, lo hacía con un conocido empresario y financiero nacido en su misma tierra: Joaquín Güell Ampuero.

Era en noviembre del año pasado, en un viaje que hicieron a Marruecos, cuando se confirmaba la relación de la periodista con este exesposo de la política Cayetana Álvarez de Toledo -tuvieron dos hijas y rompieron en 2018- y primo de la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada y que descendía del primer conde de Güell, mecenas de Antoni Gaudí. Pocas semanas antes, a mediados de octubre, habían sido vistos paseando por las calles de Madrid, lo que había encendido las alarmas.


Sin embargo, poco le duró este idilio a Susanna Griso y en los primeros meses del presente curso ya se sabía que estaba de nuevo soltera. Algo que, igualmente, ha sido muy perecedero en la vida de la presentadora de Atremedia. Hace diez días las revista ¡Hola! sacaba a la luz que se había marchado de escapada romántica a Sevilla, con paseo en bicicleta por la ciudad hispalense incluido, con el empresario andaluz Íñigo Afán de Ribera.

La misma publicación explicaba que se habían conocido hacía apenas tres meses, durante las vacaciones estivales, a través de varias amistades que ambos tienen en común. Por lo que se sabe, fue un auténtico flechazo. Y eso que no era la primera vez que se relacionaba a Iggy, como le llaman quienes mejor le conocen, con alguien muy dado a aparecer en el papel couché. Ni siquiera la primera vez que se le relacionaba con una famosa presentadora de nuestro país, ya que unos meses antes se le había relacionado sentimentalmente con Anne Igartiburu, con quien se le llegó a fotografiar en Ibiza cuando ella se separó del compositor Heras-Casado.

Precisamente fue debido a la conductora del programa Corazón que se conocieron Íñigo y Susanna, dado que el empresario acudió como acompañante de Igartiburu a la fiesta de disfraces que la creadora y presidenta ejecutiva del grupo Starlite, Sandra García-Sanjuan, celebró en Malta a primeros de verano y en la que hubo otras invitadas ilustres como Paloma Cuevas o Isabel Gemio.

Hicieron rápidamente migas Susanna Griso e Iggy, también seudónimo con el que bautizó, durante los años 90, su propia empresa de camisetas, la marca de moda Iggy Ink. No por nada con esta iniciativa llegó a ser nombrado uno de los diez empresarios del año en 1999 por la revista Actualidad Económica.

Eso sí, su vida ha cambiado bastante desde entonces, pues la última actualización de su currículum empresarial data de 2020: es entonces cuando da inicio su andadura como presidente de la empresa Hijos de Ybarra, la cual está especializada en la fabricación de aceite de oliva y que es muy común en la mayoría de supermercados de España.

Además, otro de sus negocios, y uno de los más populares, es el marketplace UVA, a través del cual, por ejemplo, ha lanzado los vinos del programa Masterchef. De hecho, varias de sus amistades han pasado por las temporadas de celebrities del talent culinario de TVE: la modelo Estefanía Luyk o la ganadora Raquel Meroño, entre otras.

Por último, hay que añadir un importante hándicap: la distancia. Íñigo Afán de Ribera vive en Sevilla, mientras que la vida de la presentadora de Espejo Público se mueve entre la ciudad condal y Madrid. Pero a cambio tienen otro punto en común: son divorciados y, sobre todo, les gustan los niños. A los tres que ya tiene Susanna hay que añadir los cinco hijos, de entre 13 y 25 años, del empresario: dos de ellos ya los tenía su exmujer de una relación anterior, los cuales Íñigo adoptó como suyos y los tres hermanos de estos, los cuales tuvieron en común el empresario y su exesposa, siendo además mellizos dos de ellos.



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