159 pandillas siembran el terror, especialmente en Panamá y Colón



En todo el país operan 159 pandillas concentradas en Panamá (90), Colón (33) y Chiriquí (19), según informes del Ministerio de Seguridad (Minseg).

Datos de la Unidad Antipandillas de la Policía Nacional (PN) indican que en Colón dos de los principales grupos dedicados al tráfico internacional de drogas controlan al resto, es decir, tienen bajo su mando 31 células criminales.

Mientras que en Panamá Oeste, donde tienen registradas cuatro pandillas, el esquema cambió. El subcomisionado de la Dirección de Investigación Policial de la PN, Raúl Julio, explicó que con la masacre en la cárcel La Joyita el 17 de diciembre de 2019 —que dejó 13 muertos— las pandillas se dividieron. Esto, a su vez, derivó en una seguidilla de crímenes. Según la Fiscalía de Homicidio y Femicidio, en esa región 22 homicidios —de 80 que se cometieron en la provincia— están relacionados con La Joyita.

“Estos individuos conocen el modus vivendi de sus compañeros, conocen a sus familiares”, señala. Por eso, agrega Julio, la mayoría de los actos violentos se dieron en las residencias de los integrantes de grupos delictivos antagónicos.

La pandillas, dijo, buscan la unión o alianza de los pequeños grupos delictivos en cada uno de los barrios a los que financian y utilizan para la comisión de delitos de impacto, como homicidios, robos, extorsiones y distribución y venta de drogas.

El ciclo de la violencia

La autoridades muchas veces los detienen y los condenan, pero vuelven a surgir otros, se fragmentan o, incluso, coparticipan en delitos desde las cárceles.

En todo 2020, la Fiscalía Especializada en Delitos de Asociación Ilícita (pandillerismo), a cargo de Nahaniel Murgas, participó en 416 audiencias, logrando 135 condenas: 29 de los condenados pertenecían a una pandilla de Curundú, 20 a una de Colón y otros 20 una de Veracruz. El resto corresponde a casos de todo el país. En algunos, las sentencias implicaron 128 meses de prisión.

Para el sociólogo Gilberto Toro hurtos y robos expresan dos tipos de cultura delictiva. La primera la componen delincuentes amateur o jóvenes y la segunda la integran delincuentes que no dudan en cometer actos de violencia, incluso el asesinato y secuestro, con el fin de lograr sus objetivos.

Así, el hurto se puede calificar, según Toro, como un “delito escuela” que hace girar la rueda y perpetúa el ciclo de la actividad criminal.

Toro afirma que esto muchas veces es precedido por hogares en los que impera la violencia doméstica, que cultiva y forma individuos que normalizan la violencia.



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